Homepage
Cruzada
Perspectivas
Sobre Fátima
Noticias
Recursos
Tercer Secreto
Consagración
Oración
Librería
Homepage
Apostolado
Para hacer un donativo
Más información
Nuestra señora de Fatima en línea
ImageMap for Navigation ¿Por qué Fátima? Mapa del sitio Contactar
Perspectivas Sobre Fátima
Perspectivas sobre Fátima

Los alegres enterradores del Vaticano II

por Christopher A. Ferrara
el 16 de abril de 2018


El Cardenal Tobin y sus colegas en alegre parloteo durante la Gran Apostasía

Una busca en el Google de imágenes de los prelados postconciliares que están presidiendo a la auto-demolición de la Iglesia revela en general que este grupo de malhechores eclesiales encuentran que la situación que han creado es inmensamente divertida. El Papa Francisco mismo ha sido citado por su amigo Cardenal Poli como que ha declarado: “Es muy divertido ser Papa”. Y él parece realmente estar gozando muchísimo:

Pero ¿qué es exactamente lo que es tan divertido sobre el catastrófico decaimiento eclesial en el que el elemento humano de la Iglesia es absorbido inexorablemente por el mundo, como resultado de la desastrosa “apertura al mundo” del Vaticano II? El Cardenal Tobin (en la foto anterior), simpatizante de los “gays”, a quien Francisco confirió el sombrero rojo, ejemplifica esta actitud de alegre enterrador ante el eclipse de la Fe de nuestros antepasados. En un artículo de la revista ultra-progresista America, Tobin desprecia los esfuerzos para restaurar la integridad doctrinal y litúrgica de la Iglesia que él está ayudando a demoler, mientras vive principescamente al costo de los fieles que quedan.

“Hasta en los tiempos antiguos”, dice él, “hubo individuos y movimientos que intentaron definir y delimitar lo que significa ser cristiano católico. No obstante, la Iglesia universal siempre repudió esas tentativas. Es sólo el Señor quien, en último análisis, juzga quien pertenece o no pertenece”.

Pura basura modernista. No han sido los “individuos y movimientos” sino el Magisterio de la Iglesia, a través de concilios ecuménicos y decretos papales solemnes, quien ha definido y delimitado constantemente lo que significa ser católico. Ha sido la Iglesia quien ha anatematizado – excluido de la comunión eclesial – a quien negase artículos de la Fe, al mismo tiempo que estaba siempre pronta a recibir nuevamente en la comunión al pecador contrito y arrepentido a la manera del Hijo Pródigo. Y lo que el Señor “juzga en último análisis” es precisamente la correspondencia del alma con las verdades que Él ha revelado como necesarias para la salvación, encargando a Su Iglesia conservarlas y transmitirlas, en su pureza original, hasta el final de los tiempos.

Pero no según el Cardenal Tobin. Él se mofa de la idea misma de “salvaguard[ar] el tesoro de la tradición cristiana, en su forma más pura, de la intrusión corrosiva de una sociedad corrupta”, declarando que “La Iglesia no tiene otra opción que no sea irse afuera”. Típica hipocresía progresista, que revela la mentalidad que ha provocado un éxodo del Arca de la Salvación de antiguos católicos que, gracias a los pseudo-sofisticados teológicos como Tobin, ya no oyen hablar de la necesidad de mantenerse a bordo. Mientras tanto, como señala America, Tobin “ha dado la bienvenida a un grupo de católicos gays y lésbicos en peregrinación a la catedral de Newark” mientras observaba ominosamente que “la Iglesia está actuando en la cuestión de las uniones del mismo sexo”.

Tobin impugna hasta la muerte a la Iglesia de la que él es, según cabe suponer príncipe y defensor, acusándola de ser “un poco marginalizada por muchos debido a lo que ven como una preocupación con la ética sexual”. Pero, continua, gracias a Amoris Laetitia (AL), ha habido un “cambio de paradigma”, que, juntamente con el Concilio Vaticano II, es “uno de los muchos cambios de paradigmas”, a través del cual la Iglesia según cabe suponer ha pasado.

Un disparate más. La doctrina constante y las tradiciones no interrumpidas de la Iglesia son una roca de estabilidad en un mundo de confusión. La piedra que Cristo ha fundado sobre Pedro no puede ser “cambiada” por las trivialidades progresistas de prelados Hogarthianos, ni por las meras opiniones del actual ocupante de la Silla petrina, que no tiene poderes para alterar lo que le fue encomendado salvaguardar.

“Como sucede con todos los cambios de paradigmas”, Tobin nos asegura suavemente, “[AL] ha provocado una controversia”. De hecho, tanto AL como el “espíritu” del Concilio (así como ciertos elementos de los respectivos textos) representan, sí, la tentativa de un cambio de paradigma – alejándose de la conservación de la doctrina y de la disciplina doble-milenarias  como la Iglesia nunca había visto antes, ni siquiera durante la crisis arriana.

Pero los alegres enterradores del Vaticano II continúan bebiendo, comiendo y riéndose a carcajadas en su camino hacia lo que ellos imaginan ser el funeral de la vieja y mala “Iglesia pre-Vaticano II”. Pero al fin y al cabo serán ellos, y sólo ellos, quienes serán enterrados con todas sus nociones vanagloriosas.




amigable a su impresora
Pagina inicial

imagemap for navigation Página inicial Mapa del sitio Contactar Buscar