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A medida que se aproxima el 50º Aniversario de Humanae Vitae, el Cardenal Wuerl apela a la obediencia a Pedro.

¿Alguien escucha el siseo de una serpiente?

por Christopher A. Ferrara
el 9 de abril de 2018

El Cardenal Donald Wuerl, íntimo colaborador del Papa Francisco en el proyecto de admitir adúlteros públicos a la Sagrada Comunión en contradicción con las enseñanzas de Juan Pablo II y de todos los Papas anteriores, ahora quiere que sepamos que es muy importante respetar “el papel especial y único de Pedro” sobre la enseñanza de Pablo VI en Humanae Vitae (HV).

¿Quiere decir él que, dado “el papel especial y único de Pedro” todos los católicos deben respectar y estar obligados en conciencia por aquella declaración de la encíclica de que nadie debe practicar “ningún acto que antes, en el momento, o después de las relaciones sexuales, tenga la intención específica de impedir la procreación – sea como un fin o como un medio”, porque tales actos son “deliberadamente anticonceptivos y por eso, intrínsecamente perversos” – o sea, siempre errados sin excepción? Quien haya seguido el camino sinuoso de la polémica modernista de Wuerl sabrá que la respuesta es no.

En un simposio de la Universidad católica de América para el 50º aniversario de la encíclica papal Humanae Vitae, Wuerl hizo lo que cualquier persona que conozca su juego ya esperaba: vino a elogiar la encíclica para enterrarla. Después de comentar sobre cómo, en el momento en que HV apareció, surgió un desacuerdo “vehemente” contra el documento de parte de la Conferencia católica de los Estados Unidos (que más tarde llegó a ser la Conferencia de la Obispos católicos de los Estados Unidos), Wuerl pretendió haber quedado “impresionado en ese entonces con la alacridad de la respuesta en defensa del papel docente de la Cátedra de Pedro y, por consiguiente, la validación de la doctrina de Humanae Vitae”.

Por supuesto, en el estilo típico Wuerliano, tendría que haber un “sin embargo”. Y el “sin embargo” era un cambio subrepticio de la doctrina de HV sobre el mal intrínseco de la anticoncepción, que Pablo VI solamente defendió según la ley divina y natural a “la importancia del papel docente de Pedro. La cuestión no era apenas sobre lo que fue dicho, sino también sobre quien lo dijo”.

Habiendo subrayado la persona transitoria del Papa en vez de la verdad intemporal de su doctrina, Wuerl avanzó con el fruto envenenado: ‘Medio siglo más tarde, continuamos presentando las enseñanzas del Beato Papa Pablo VI sobre la regulación apropiada de la propagación de la prole, y durante estas cinco décadas hemos aprendido que no es suficiente anunciar simplemente la doctrina y repetir las palabras de la encíclica”.

Estoy detectando el siseo de una serpiente. Enfocándose en la persona de un Papa en particular, y oponiéndose a la verdad moral que cualquier Papa debe defender, precisamente y apenas porque es una verdad inalterable, Wuerl está introduciendo lo que tiene razones para creer que se aproxima: la exigencia de una falsa obediencia a una “relectura pastoral” de HV, aprobada por Francisco con el parpadear de costumbre. La “relectura” no afirmará simplemente una enseñanza moral infalible no sujeta al cambio, más bien abrirá camino al disparate moral de “discernir” cómo aplicar esa enseñanza en “circunstancias concretas” según Amoris Laetitia (AL), la “exhortación apostólica” que procura imponer a la Iglesia la ética situacional.

De la misma manera, AL ha abierto camino a aplicaciones “pastorales” del Sexto Mandamiento a adúlteros públicos en “segundos matrimonios” dependientes de la “complejidad concreta de los límites de cada uno”. En pocas palabras, es la eliminación de normas morales absolutamente obligatorias, que son afirmadas nominalmente, pero negadas en la práctica. Este desarrollo es nada menos que apocalíptico.

Yo diría lo siguiente al Cardenal Wuerl: Sus maniobras son transparentes. Lo vemos llegando a una milla de distancia. Usted puede pensar que es experto, pero es simplemente obvio. No engaña a nadie que no quiera ser engañado. Y Usted no conseguirá convencer a los católicos que conocen su fe a hacer caso omiso a la diagnosis de este pontificado singularmente disfuncional, que está explotando cínicamente. Para citar el Cardenal Burke sobre este asunto:

“El Papa, a través de la Voluntad divina, goza de todo el poder necesario para salvaguardar y promover la verdadera Fe, el verdadero culto divino y la disciplina sólida necesaria. Este poder pertenece no a la persona, sino a su cargo, como Sucesor de San Pedro…

“Al presente hay una confusión peligrosa, y hasta prejudicial, entre la persona del Papa y su cargo, que resulta en el obscurecimiento del Oficio Petrino y en una idea mundana y política del servicio del Pontífice Romano en la Iglesia”.

“Cualquier acto de un Papa que socava la misión salvífica de Cristo en la Iglesia, sea él un acto herético o un acto que es, por sí mismo, pecaminoso, es simplemente nulo desde el punto de vista del Oficio Petrino. De la misma manera, si algún acto del Papa causa claramente grave daño a las almas, no obliga a la obediencia de pastores y fieles”.

Preparémonos, entonces, para la próxima exigencia de “obediencia” a Pedro en desobediencia a la Verdad. Es la mayor artimaña del demonio en nuestra época de desorientación diabólica en la Iglesia: el uso de la falsa obediencia para destruir la verdadera obediencia. Es el mal contra el cual el Padre Gruner nunca dejó de recusar públicamente. Y ahora vemos la sabiduría profética de su oposición incansable a esta mentira.

Conservemos la Fe. Y hagamos caso omiso a los mentirosos, sin importar por más alto que sea su cargo en la Iglesia. Estamos de hecho en el medio de la “batalla decisiva del demonio” – en que él perderá cuando Nuestra Señora aplaste la cabeza de la serpiente que sisea.




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