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Fiasco del Sínodo de la Juventud:
¿El Magisterio del Facebook?

por Christopher A. Ferrara
el 27 de marzo de 2018


El Vicario de Cristo con un "Profeta del Facebook"

Como está aquí descrito por John Allen, el encuentro pre-sinodal de “jóvenes” en Roma, para preparar la próxima “conferencia de Obispos católicos sobre la juventud”, ha sido un fiasco aún mayor de que yo había pensado. Ha sido, de hecho, una inversión absurda del orden apropiado de las cosas en la Iglesia. Allen escribe:

“Unos 300 jóvenes de todo el mundo, de procedencias diferentes y hasta de religiones diferentes, se han reunido esta semana en Roma para proporcionar consejo para una conferencia próxima de alto nivel de Obispos católicos sobre la juventud. Han discutido una vasta gama de asuntos, y entre otros puntos intentan admitir francamente a los Obispos que simplemente no han conseguido alcanzar un consenso sobre cuestiones importantes de la moral sexual. El jueves, debatieron un primer borrador del documento que presentarán al Papa Francisco, quien lo transmitirá a un Sínodo de Obispos sobre juventud y discernimiento, que tendrá lugar en Roma en octubre”.

Así es. Trecientos jóvenes, algunos ni siquiera católicos, han debatido asuntos indiscutibles de la ley divina y natural, reducidos para efecto de la discusión a “cuestiones importantes de la moral sexual” e informarán al Vicario de Cristo que no consiguen alcanzar un consenso sobre la Ley de Dios, mientras que Francisco, en consecuencia, informará a los Obispos en el “Sínodo de la juventud” en octubre.

Como si esto no llegase, considerad la manera en que se condujo este “debate” absurdo. Para citar a Allen:

“Entre los bastidores, varias docenas de hombres y mujeres jóvenes, también de todo el mundo, han alargado la discusión por asesorar a seis grupos de Facebook en diversas lenguas, procesando y compilando 9.617 comentarios que vinieron en respuesta a 15 preguntas, las mismas que están siendo discutidas en Roma.

“En todo, 26 informes, viniendo de los pequeños grupos de trabajo reunidos en la Ciudad Eterna y de grupos particulares del Facebook, fueron presentados el miércoles condensados en un borrador de 7 páginas, a la que Crux  ha tenido acceso”.

Así, el carisma “profético” que Francisco propone es intrínseco a los jóvenes, sólo porque son jóvenes (véase mi último artículo) y se alarga a comentarios sometidos a grupos del Facebook compuestos por personas desconocidas.

Un tal James Kelliher, de Inglaterra, al lado del Papa Francisco en la foto encima, “era un voluntario encargado de ayudar a coordinar uno de los grupos del Facebook”. Para juntarse al grupo de Facebook de Kelliher, que se pronunciaba sobre asuntos de la ley divina y natural, sólo fue necesario, según Kelliher, “‘responder a tres preguntas’, ninguna de las cuales era demasiado personal, sino tenían que ver con su edad, que tenía que ser entre 16 y 29 años, y su disposición de seguir las reglas, que incluía, por ejemplo, limitar a 200 palabras sus respuestas a las preguntas”.

El grupo de Facebook dirigido por Kelliher y otros tres jóvenes “proféticos” obtuvo 1.114 comentarios del ciber-espacio, abrazando “una gran gama de opiniones”, dijo Kelliher. Opinión esa, claro está, sobre asuntos que no tiene nada que ver con la opinión de nadie, sino que se refiere a asuntos de la Ley de Dios.

Pero esta locura disparatada apenas refleja el tema de esta farsa, como está expuesto en el documento que se entrega al Papa, que declara arrogantemente: “Los jóvenes de hoy anhelan una Iglesia auténtica. Con esto, los jóvenes quieren decir, especialmente a la jerarquía de la Iglesia, que debe ser una comunidad transparente, amistosa, honesta, dando la bienvenida, comunicativa y accesible”. Y como Allen describe más en el documento: “Una Iglesia creíble, escriben ellos, es la que no tiene miedo de ser vista como vulnerable, que es pronta y sincera en admitir los errores pasados y presentes, y que es formada por personas capaces de errar e interpretar erradamente”.

Una manada de jóvenes se reúne en Roma y por el Facebook para predicar a la Iglesia lo que esperan de ella, mientras informan al Papa – el Vicario de Cristo, fijaos – que ellos, incluidos los acatólicos entre ellos, ¡no han alcanzado un “consenso” sobre la doctrina infalible de la Iglesia en obediencia a la Ley de Dios!

Ahora, claro, el “Sínodo sobre la Juventud” dará servicio de contrato verbal a la doctrina de la Iglesia sobre la moral sexual, y sus documentos probablemente la resumirán piadosamente, con la verbosidad post-Vaticano II de costumbre. Pero quién puede dudar, después de nuestra experiencia amarga con el risiblemente mal designado “Sínodo sobre la Familia”, que el “Sínodo sobre la Juventud” ¿será cualquier otra cosa sino una ocasión más para socavar en la práctica lo que será afirmado verbalmente?

Lo que acaba de suceder en Roma es una parodia. Una parodia diabólica. Y una gran señal de la desorientación diabólica que caracteriza aquello que estamos atestiguando: la mayor crisis en la historia de la Iglesia católica – tan grande que parece ahora que sólo la más alarmante de las intervenciones divinas podrá llevar a su fin esta perversidad surrealista.




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