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Allá vamos otra vez:

El próximo Sínodo de la "Juventud" en octubre será
un foro para más subversión eclesial

por Christopher A. Ferrara
el 21 de marzo de 2018


Una joven "profética" diciendo a la Iglesia lo que debe hacer

El Encuentro “Pre-Sinodal” de “jóvenes”, que incluía incrédulos y críticos de la Iglesia de varios tipos, presidido por el Papa y con el mismo equipo de manipuladores del Sínodo que falsificaron los Sínodos de 2014-2015, es una vista anticipada de más subversión eclesial que tendrá lugar en el salón sinodal el próximo octubre.

En su discurso a la asamblea, el Papa Francisco declaró que los “jóvenes” son la voz de Dios hablando a la Iglesia hoy, comparando a los jóvenes de hoy en general con los auténticos profetas bíblicos como David, Samuel y Daniel, que, dijo Francisco, guiaron a un “pueblo desorientado” en tiempos de confusión. En otras palabras, según Francisco, la Iglesia “desorientada” deber ser guiada por la sabiduría profética de los jóvenes, en vez de que los jóvenes sean guiados por la enseñanza constante de la Iglesia. Según esta inversión disparatada de la realidad, continuó Francisco, “todos tienen el derecho de ser escuchados”, incluso los incrédulos invitados a participar en este encuentro y en el próximo Sínodo.

Los procedimientos han incluido una sesión de preguntas y respuestas, durante la cual una nigeriana indignada, que había sido forzada a prostituirse, tomó la palabra para leer un texto en italiano que mal conseguía pronunciar, en que exigía que el Papa explicase cómo es que la Iglesia, que es “aún demasiado machista” (maschilista, que también significa “sexista”) puede tener credibilidad para “proponer a los jóvenes caminos para relaciones entre hombres y mujeres que sean libres y libertadoras” – como si la Iglesia estuviese de algún modo implicada en el tráfico sexual a la que ella había sido sujeta.

Además de eso, la pregunta era bastante intricada, visto que el Papa Francisco ha dado luz verde ya para ser administrada la Sagrada Comunión a adúlteros públicos que están divorciados y pretenden haberse “re-casado”, aceptando de esta manera lo que el Papa León XIII había denunciado como “el concubinato legalizado en lugar del matrimonio”. El divorcio es difícilmente una situación libertadora para las mujeres, si son ellas las que han sido abandonadas por los maridos, o si son ellas las que son explotadas por hombres que pretenden “casarse” con ellas en ceremonias civiles fácilmente revocables que resultan en nada más que adulterio público.

Sería mejor hacer la pregunta de esta manera: ¿Cómo puede Francisco proponer con credibilidad relaciones libres y libertadoras entre hombres y mujeres, cuando él mismo ha socavado el respecto por la indisolubilidad del Sagrado Matrimonio, situación en la que la pareja vive la verdad sobre el matrimonio que la hace libre – libre de la servidumbre del pecado que acompaña a una vida basada en el mal intrínseco de relaciones sexuales fuera del matrimonio?

Después de abrazar a la mujer en el podio, el Papa elogió su arrogante provocación como “una pregunta sin anestesia”, lo que provocó risa de la audiencia de jóvenes y confirmó así la impresión de que la explotación de las mujeres por hombres es de algún modo por culpa de la Iglesia “sexista”. Y continuó diciendo que parece que la mayoría de los clientes de las prostitutas en Italia son católicos – como si la Iglesia tuviese culpa de eso, y no fuese la culpa de los católicos que desobedecen sus enseñanzas sobre la naturaleza mortalmente pecaminosa de las relaciones sexuales extramatrimoniales, doctrina que el Papa Francisco mismo esta socavando. Citando el infame párrafo 301 de Amoris Laetitia:

“Por eso, ya no puede decirse simplemente que todos los que están en una situación ‘irregular’ están viviendo en estado de pecado mortal y privados de gracia santificante. Hay más involucrado aquí que mera ignorancia de la regla. Una persona puede saber muy bien la regla, y tener gran dificultad en comprender “sus valores inherentes” o estar en una situación concreta que no le permite actuar de forma diferente y decidir de otra forma sin pecar aún más”.

—¡Como si no tuviese alternativa sino continuar cometiendo el pecado de adulterio para evitar cualquier otro pecado! Nunca en la historia de la Iglesia había un Papa que propuso un disparate moral como esto.

Durante una discusión anecdótica y errante de los males del tráfico sexual y de la prostitución, Francisco, a su manera habitual, se preguntó a si mismo lo siguiente: “‘Pero, Señor Padre, ¿no se puede hacer el amor?’ Esto no es hacer el amor, esto es torturar a una mujer. No confundamos los términos. Esto es criminal”. La implicación es que las relaciones “consensuadas” fuera del matrimonio bajo el disfraz de “amor” pueden ser vistas favorablemente en comparación con recurrir a prostitutas, aunque ambos casos son mortalmente pecaminosos y absolutamente prohibidos bajo cualesquier circunstancias.

Francisco concluye declarando: “Quiero aprovechar este momento, visto que habéis hablado de los bautizados y los cristianos, para pediros perdón, en nombre de la sociedad y de todos los católicos que practican este acto criminal”. Otra sugerencia más de que la Iglesia es de alguna manera culpable por los pecados de los que rehúsan seguir lo que Ella enseña sobre el mal intrínseco de las relaciones sexuales extramatrimoniales. Sin embargo, es esta doctrina precisa que, por increíble que parezca, Francisco mismo presenta como una mera “regla” que ni siempre tiene que cumplirse.

Que el Sínodo de la “juventud” es otro desastre que se aproxima para la Iglesia, ha quedado abundantemente claro durante este fiasco, cuando una tal Angela Markas, de Australia, tomó la palabra y dijo a Francisco que “los jóvenes quieren un debate en la Iglesia sobre la sexualidad, atracción del mismo sexo y el papel de las mujeres”.

Locura es la única palabra que describe el rumbo cada vez peor de este pontificado. Ha sido con buena razón que el Padre John Hunwicke, aludiendo a la sugerencia del eminente teólogo Padre Aidan Nichols, pregunta si, ¿visto que hay “previsiones para la situación en las que el hombre que había sido un Papa anterior promovía herejía [refiriéndose a la condenación póstuma de Honorio I por su promoción de la herejía monotelita]; entonces por qué no hay tales para un Papa que, prima facie, está esparciendo herejía”? la Iglesia militante, observa él, “necesita tomar en consideración este consejo. Su supervivencia está de hecho divinamente garantizada, pero toda la economía de la Fe se asienta en el presupuesto de un Dios que actúa con y a través de la sinergia humana”.

El hecho de una tal propuesta presentada por sacerdotes tan moderados como los Padres Hunwicke y Nichols, debería indicar la gravedad sin paralelo de nuestra situación.

¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!




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