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Cartagate: la intriga se complica: ACTUALIZACIÓN

por Christopher A. Ferrara
el 19 de marzo de 2018

En mi último artículo, hablaba del escándalo causado por la última tentativa torpe del Vaticano de adulterar un texto crítico implicado en una controversia pública dentro de la Iglesia: la carta de Benedicto XVI que el Gabinete de Prensa del Vaticano intentó usar para endosar “la teología del Papa Francisco”, como estaba explicada en once volúmenes de varios autores.

Mi artículo anterior señalaba que AP, Fox News y otras fuentes de comunicación social estaban noticiando que el Vaticano había admitido que había obscurecido las dos últimas líneas de la primera página de la carta, así como casi toda la segunda página, con el resultado de que el párrafo siguiente quedó oculto, en el cual Benedicto XVI declaraba que no había leído ni tenía intención de leer los once volúmenes:

“Todavía, no creo poder escribir una breve y densa página teológica sobre ellos, porque en toda mi vida he tenido siempre claro que debería escribir y expresarme sólo sobre libros que he leído verdaderamente. Infelizmente, sea apenas por razones físicas, no tengo posibilidad de leer los once volúmenes en un futuro próximo, tanto más que me esperan otros compromisos que ya he asumido”.

Aquel fraude ya era bastante malo. Pero la investigación de Sandro Magister ha descubierto un fraude aún más escandaloso. Lo que Magister pensaba que era la carta integral, de la que había quedado escondido el párrafo anteriormente transcrito, al fin y al cabo, no era la carta en su totalidad. Como él señala:

“Hay más. La carta de Benedicto XVI que Settimo Cielo publicó el 13 de marzo en su forma completa, en realidad no estaba completa.

“Entre el párrafo omitido en la comunicación a la prensa y la fórmula de despedida, había, de hecho, otras líneas.

“Y esto podría adivinarse sólo observando la imagen de la carta (ver encima).

“De hecho, entre las dos primeras líneas que se hicieron ilegibles en la foto, al fondo de la primera página de la carta, y la despedida y firma de Benedicto XVI en la segunda mitad de la segunda página, hay un espacio demasiado grande para ser ocupado apenas por la última parte del párrafo omitido en la comunicación a la prensa”.

Una observación muy astuta, confirmada por la fotografía, que muestra que la firma de Benedicto XVI está demasiado baja en la segunda página para estar inmediatamente a continuación de apenas dos líneas adicionales en la parte superior de la página:

Esto podría ser desvalorizado apenas como especulación plausible, pero Magister tiene más. Como él informa, basándose en una “fuente incontrovertible”, el texto que faltaba incluye una explicación más del motivo de por qué Benedicto XVI no había leído ni aprobado los volúmenes.

“Y ¿qué más estaba escrito allá, que Viganò ha tomado el cuidado de no leer en público y que le dio mucho trabajo en encubrir en la fotografía con los once libritos sobre la teología del Papa Francisco?

“Estaba la explicación del motivo de por qué Benedicto XVI no había leído esos once opúsculos ni tiene intención de leerlos en el futuro…

“El motivo adoptado por Benedicto XVI en las líneas finales de su carta – se ha dicho a nosotros por una fuente incontrovertible – es la presencia, entre los autores de estos once opúsculos, de dos teólogos alemanes, uno en particular, Peter Hünermann, que ha sido un crítico implacable de Juan Pablo II y de Joseph Ratzinger mismo como teólogo y como Papa.

“El otro teólogo alemán es Jürgen Werbick. Sobre Hünermann, que es profesor en la Universidad de Tübingen, puede recordarse que es autor de, entre otras cosas, un comentario sobre el Concilio Vaticano II que es opuesto polar de la interpretación Ratzingeriana. Los opúsculos sobre la teología del Papa Francisco escritos por los dos se titulan respetivamente: ‘La debilidad de Dios por el hombre’ y ‘Los hombres según Cristo hoy’.

“Está por esto claro que, dado lo que Benedicto XVI había escrito en la segunda mitad de su carta, la primera parte también toma un significado nuevo, completamente diferente de lo que Viganò quería atribuirle en su mutilada y parcial comunicación a la prensa”.

En resumen, han pedido a Benedicto XVI que aprobase una obra que incluye dos teólogos alemanes heréticos del mismo género que los que ayudaron a promover la campaña de Francisco para admitir adúlteros públicos en “segundos matrimonios” a la Sagrada Comunión, derrumbando así la doctrina contraria de Juan Pablo II y de Benedicto XVI mismo, en línea con la doctrina y la práctica doble-milenarias de la Iglesia sobre la Eucaristía y la indisolubilidad del matrimonio.

Magister concluye, señalando que “se podría comprender aún más sobre lo que Benedicto XVI escribe allí sobre sí mismo y sobre el Papa Francisco si ésta pudiese compararse con la carta con la que respondió a Viganò”.

Pero esa carta nunca será presentada, a menos que alguien la dé a conocer. Está escondida junto con la explicación omitida de la visión del Tercer Secreto, dada por la Santísima Virgen, en aquel rincón oscuro de un aparato de Estado del Vaticano en el que ya no podemos confiar de que nos digan la verdad. Y es sobre esta situación precisamente que el Secreto en sí nos advierte.

ACTUALIZACIÓN: 17 de marzo (17:29h)

Se ha probado que Magister tiene razón. Bajo presión creciente, a causa de la demostración de su tentativa de fraude, el Vaticano ha divulgado finalmente todo el texto de la carta falsificada, y los resultados son devastadores. La segunda página pertinente de la carta se lee así en su totalidad, con las palabras que el Vaticano había escondido anteriormente destacadas en negrita:

“Todavía, no creo poder escribir una breve y densa página teológica sobre ellos, porque en toda mi vida he tenido siempre claro que debería escribir y expresarme sólo sobre libros que he leído verdaderamente. Infelizmente, sea apenas por razones físicas, no tengo posibilidad de leer los once volúmenes en un futuro próximo, tanto más que me esperan otros compromisos que ya he asumido.

“Simplemente en un aparte, me gustaría expresar mi sorpresa por el hecho de estar entre los autores el Profesor Hünermann, que durante mi pontificado se distinguió por dirigir iniciativas anti-papales. Desempeñó un papel importante en la divulgación del ‘Kölner Erklärung’, que con relación a la encíclica ‘Veritatis splendor’, atacó virulentamente la autoridad magisterial del Papa, especialmente en cuestiones de teología moral. Además de eso, la ‘Europäische Theologengesellschaft’, que él fundó, fue inicialmente concebida por él como una organización que se opusiera al magisterio papal. Más tarde, el sentimiento eclesial de muchos teólogos impidió esta orientación, lo que ha permitido que aquella organización se hiciese un instrumento normal de encuentro entre teólogos.

“Estoy cierto de que comprenderá mi denegación [il mio diniego] y le envío saludos cordiales”.

Se nota, en primer lugar, que el Vaticano censuró todo el párrafo en negrita, porque Benedicto XVI había criticado vivamente a uno de los teólogos que explicaban “la teología del Papa Francisco” por haber lanzado un ataque contra las enseñanzas de Juan Pablo II en Veritatis splendor, que insistía que el adulterio y otros males intrínsecos, prohibidos por los preceptos negativos de la ley divina y natural, nunca pueden ser permitidos en ningún caso, bajo ningunas circunstancias, sean las que ellas sean. ¡Pero un ataque tal es precisamente lo que Francisco mismo lanzó con Amoris Laetitia!

En segundo lugar, el Vaticano utilizó la pila de libros para esconder la palabra “diniego” en la línea final de la carta, la denegación positiva del Benedicto XVI en dar su aprobación personal a los once volúmenes de la “teología del Papa Francisco”.

En defensa de su truco, el Vaticano ha divulgado una declaración diciendo que su acto de ocultación “fue motivado por confidencialidad y no por alguna intención de censurar”. ¡Por favor! Si la carta era “confidencial”, ninguna parte de ella debería de haber sido publicada, o por lo menos el Vaticano debería haber dicho desde el inicio que estaba presentando apenas un extracto.

Mentiras tras mentiras – es la costumbre del Vaticano en este pontificado.




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