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Perspectivas Sobre Fátima
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El Obispo Semeraro bosqueja el programa
para la nueva casuística

por Christopher A. Ferrara
el 12 de marzo de 2018

En un artículo del Vatican Insider, Andrea Tornielli, un blanqueador persistentemente vigoroso de este “papado desastroso”, presenta un sumario de “indicaciones” sobre qué personas que viven en lo que el Catecismo de Juan Pablo II describe correctamente como “una situación de adulterio público y permanente” serán autorizadas a comulgar según Amoris Laetitia, y cuáles no serán autorizadas.

Estas absurdas “indicaciones de cómo discernir caso por caso” qué adúlteros públicos que pretenden ser divorciados y “re-casados” estarán exentos de una norma moral que no admite ninguna excepción son propuestas por nadie menos que el Obispo de Albano, Marcello Semeraro, que es Secretario del Consejo de Cardenales del Papa Francisco.

Semeraro, como es citado por Tornielli, explica cómo propone distinguir los “buenos” adúlteros, que pueden ser absueltos de su adulterio continuado y recibir la Sagrada Comunión mientras siguen con su adulterio, de los “malos” adúlteros que no pueden – por lo menos en el mientras tanto – ser admitidos a los Sacramentos. Esta nueva forma de casuística, evidentemente sancionada por el Papa mismo, involucraría a Obispos y sacerdotes locales en “reflexión…profundizando y discerniendo sobre las formas concretas de respuesta a los fieles divorciados y re-casados civilmente que están presentes en nuestras comunidades” y “un tiempo adecuado de acompañamiento y discernimiento, que varia de situación a situación”.

Puro lenguaje sin nexo típico del habla de los eclesiásticos postconciliares. La verbosidad camufla una noción subversiva sin paralelo en la historia de la Iglesia: que personas que tienen divorcios y “re-casamientos” respetables pueden ser tratadas como si fuesen casadas válidamente y serles dada la Comunión mientras continúan sus relaciones sexuales fuera del matrimonio. Estos divorciados “respetables” serían, para citar a Semeraro, los “que no sólo viven en una relación concreta, sino [que] también han establecido una familia a través del tiempo”. Tales “buenos” adúlteros deben ser distinguidos de los “malos” que tienen “un divorcio reciente, con todas las consecuencias de sufrimiento y confusión que afectan a los hijos y familias enteras, o la situación de alguien que repetidas veces ha fallado sus obligaciones familiares”.

Así, según la nueva casuística, si alguien se ha divorciado recientemente de su esposa y se “re-casó”, infligiendo “sufrimiento y confusión que afectan a los hijos y familias enteras”, no puede comulgar. Pero una vez que el mismo adúltero público invierta algunos años en su “segundo matrimonio” y consiga tener uno o más hijos de su “segunda esposa”, él cumple el criterio casuístico de “una relación concreta” en que “ha establecido una familia a través del tiempo”.

¿Pero qué puede decirse sobre el sufrimiento que este adulterio ha ocasionado a su primera y única verdadera esposa y a los hijos que ambos trajeron al mundo en el vínculo del Sagrado Matrimonio? Eso, aparentemente, puede ser olvidado a través del tiempo por una cuestión de “discernimiento” que “varia de situación a situación”.

Semeraro nos asegura que AL no estipula que “todos los divorciados y re-casados puedan tener acceso a los Sacramentos”. Oh no, sólo algunos. Solo los “buenos”, que han invertido mucho tiempo en sus “segundos matrimonios” y que ahora tienen uno o dos hijos para demostrarlo.

Todo esto está de acuerdo con la idea, ahora propuesta apenas bajo la autoridad de AL, que las personas que viven en adulterio “no deben ser catalogadas o encerradas en declaraciones que son demasiado rígidas, sin dar espacio a un discernimiento personal y pastoral adecuado”, que exige “la capacidad de leer la historia personal de cada persona a la luz de la Palabra y en el contexto amplio de la misericordia de Dios”.

Traducción: Quien pudiere justificar convincentemente su adulterio al párroco – sin siquiera darse una oportunidad al cónyuge abandonado de ser oído – puede ser tratado como si su “segundo matrimonio” fuese válido y ser admitido a la Sagrada Comunión, a pesar del carácter absolutamente sin excepciones del Sexto Mandamiento. En resumen, ética situacional.

Semeraro no sugiere en parte alguna que se pedirá a los “buenos” adúlteros en ningún momento que cesen sus relaciones adulteras por más “discernimiento” que hagan sobre su “situación concreta”. Al parecer, el “discernimiento” no significa más que “discernir” que sí, está justificado el vivir en estado de adulterio público y permanente.

Estamos ahora asistiendo a un fracaso de proporciones históricas del elemento humano de la Iglesia que amenaza ser mayor en su extensión que hasta la crisis arriana. Es la institucionalización del divorcio en la Iglesia según una forma de ética situacional que será inevitablemente citada para justificar otros desvíos de los preceptos negativos sin excepción de la ley natural. Incluye, además de eso, la tolerancia del mal intrínseco de la anticoncepción en una base de “caso por caso”, que está siendo tramada indudablemente dentro del Vaticano mismo (el tema de mi próximo artículo).

¿Podrá la resolución chocante, hecha por el Cielo, de la profecía del Tercer Secreto de una apostasía que “comenzará desde su vértice” tardará mucho en realizarse? No veo cómo así puede ser. Pero sólo Dios sabe.




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