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Perspectivas Sobre Fátima
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El Cardenal Kasper dobla la apuesta en la Gran Mentira
concerniente a Amoris Laetitia

por Christopher A. Ferrara
el 6 de marzo de 2018

Mientras los católicos fieles se manifiestan por todo el mundo, oponiéndose a la confusión y a la división causada por Amoris Laetitia (AL) – un documento subversivo sin precedentes en la historia doble-milenaria del papado – el modernista cuyo libro sobre la “misericordia” desencadenó el proceso para la admisión de adúlteros públicos a la Sagrada Comunión aparece ahora para doblar la apuesta en la Gran Mentira sobre AL.

En una entrevista reciente con Patheos, el Cardenal Walter Kasper repite la pretensión engañadora de que, como la herejía “es un desacuerdo tenaz con el dogma formal”, ¡AL no puede, en ningún sentido, ser considerada herética porque “la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio no ha sido puesta en cuestión por parte del Papa Francisco”! Como sofista que es, Kasper apunta a la estrecha definición canónica de herejía – la negación obstinada, post-bautismal de un artículo de la Fe divina y católica – mientras hace caso omiso al sentido más lato de herejía como cualquier error contra la Fe.

En este caso, el error es que la aplicación del Sexto Mandamiento puede variar según la “complejidad de varias situaciones” y la “complejidad concreta de los límites de cada uno”. (cf. AL ¶¶ 296, 303), de modo que la conducta que constituye pecado mortal para algunas personas puede no ser para otras. Kasper continúa fingiendo que este completo disparate moral, destructivo de todo el orden moral, es doctrina sólida en vez de un desvío sin paralelo de lo que la Iglesia siempre ha enseñado sobre el carácter absolutamente obligatorio y sin excepción de los preceptos negativos de la ley moral, como Juan Pablo II había insistido en línea con toda la Tradición. Citando sus palabras en Veritatis Splendor:

“Los preceptos negativos de la ley natural son universalmente válidos: obligan a todos y cada uno, siempre y en toda circunstancia. En efecto, se trata de prohibiciones que vedan una determinada acción «semper et pro semper», sin excepciones, porque la elección de ese comportamiento en ningún caso es compatible con la bondad de la voluntad de la persona que actúa, con su vocación a la vida con Dios y a la comunión con el prójimo. Está prohibido a cada uno y siempre infringir preceptos que vinculan a todos y cueste lo que cueste, y dañar a otros y, ante todo, a sí mismos, en la dignidad personal y común a todos.”

Reforzándose en la Gran Mentira, Kasper afirma que un distanciamiento radical de la doctrina constante de la Iglesia que Juan Pablo II defendió es, en realidad, un “desarrollo” de su enseñanza:

P. Hablando específicamente del polémico artículo 351 de Amoris Laetitia sobre la admisión a los Sacramentos de divorciados y re-casados, afirma en su libro que este artículo debería ser leído a la luz del Decreto del Concilio de Trento sobre la Eucaristía. ¿Por qué razón?  

R. – El Concilio de Trento dice que en el caso en que no haya pecado grave, sino apenas venial, la Eucaristía quita ese pecado. Pecado es un termino complejo. No sólo incluye un principio objetivo, sino también está la intención, la conciencia de la persona. Y esto necesita ser examinado en el foro interno – en el Sacramento de la Reconciliación – si se da de hecho un pecado grave, o tal vez un pecado venial, o tal vez nada. Si es apenas un pecado venial, la persona puede ser absuelta y admitida al Sacramento de la Eucaristía. Esto ya corresponde a la doctrina del Papa Juan Pablo II y, en este sentido, el Papa Francisco está en continuidad completa con la dirección abierta por los Papas anteriores. Por eso, no veo ninguna razón para decir que esto es una herejía.

Aquí tenemos el siseo de una serpiente, que dice a personas que viven en adulterio que, si consiguieren una disculpa suficiente para su comportamiento, un sacerdote en el confesionario puede “degradar” su pecado mortal objetivo a pecado venial o hasta a una falta menor y admitirlos a la Sagrada Comunión, con base en nada más que una aserción de “conciencia” en “circunstancias complejas”.

Esta grotesca falsedad, dice el sofista mentiroso Kasper, “corresponde a la doctrina del Papa Juan Pablo II”. En verdad, es precisamente el error que Juan Pablo II condenó, precisamente en el contexto del pedido para la admisión de los divorciados y “re-casados” a la Sagrada Comunión con base en la “conciencia”, haciendo caso omiso a la verdad que la conciencia de cada uno debe ser informada por la doctrina moral de la Iglesia:

Veritatis Splendor:

“Para justificar semejantes posturas, algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta.

 “Ésta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo…Con esta base se pretende establecer la legitimidad de las llamadas soluciones ‘pastorales’ contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéutica ‘creativa’, según la cual la conciencia moral no estaría obligada en absoluto, en todos los casos, por un precepto negativo particular.

“Con estos planteamientos se pone en discusión la identidad misma de la conciencia moral ante la libertad del hombre y ante la ley de Dios”.

Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1998:

“En otras palabras, si el matrimonio anterior de dos miembros de los fieles divorciados y re-casados fue válido, en ninguna circunstancia puede su nueva unión ser considerada legítima, y por tanto la recepción de los Sacramentos es intrínsecamente imposible. La conciencia del individuo está obligada a esta norma sin excepción”.

Debe decirse con toda simplicidad: Todo el proyecto de socavar la doctrina de la Iglesia cuanto a la imposibilidad intrínseca de adúlteros públicos siendo admitidos a comulgar, no importando lo que pretendan subjetivamente “en conciencia”, es obra del Padre de la Mentira. Y Kasper es uno de los muchos mentirosos que el demonio está empleando para este trabajo de subversión.

Pero, acordando las palabras de consuelo de Sor Lucía al Cardenal Caffarra, ya fallecido:

“Señor Padre, vendrá el tiempo en que la batalla decisiva entre el reino de Cristo y Satanás será sobre el matrimonio y la familia. Y quien trabaja para el bien de la familia sufrirá persecuciones y tribulaciones. Pero no tenga miedo, porque Nuestra Señora ya le ha aplastado la cabeza”.




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