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Perspectivas Sobre Fátima
Perspectivas sobre Fátima

Steven Mosher avisa:
El Vaticano está arrebatando una derrota
de las fauces de la victoria para la Iglesia en China

por Christopher A. Ferrara
el 2 de marzo de 2018

Un artículo de Life Site News, vuelto a publicar con autorización de One Peter Five, me ha aclarado un aspecto de la situación de la Iglesia en China que ha recibido poca cubertura en la prensa. El artículo, de autoría de Steven Mosher – convertido al catolicismo, presidente del Instituto de Investigación de la Población, y científico social que se especializa en la demografía china y en el control de la población – revela cómo la Iglesia en China estaba reorganizándose lentamente, a pesar de que Beijing hubiese creado la Asociación católica patriótica (CPA) china como un instrumento de control estatal del clero y laicado católicos.

Mosher cuenta una conversación que tuvo con un emisario extraoficial del Vaticano a China, a quien se refiere con el pseudónimo “Monseñor Nonini”, Nonini dice que, a pesar de los esfuerzos de Beijing de controlar la Iglesia en China a través de la CPA, al nivel de base las iglesias aprobadas por la CPA estaban suficientemente libres del control gubernamental diario para hacer eventualmente posible reunirse con Roma. Aunque muy lejos de la unidad de la única Iglesia verdadera en China, la situación estaba, por lo menos según Nonini, resolviéndose lentamente en esa dirección.

Una excepción conspicua a este desarrollo orgánico regional, dijo Nonini, “son los Obispos patrióticos de Beijing, Shanghai, y algunas otras ciudades mayores. Hicieron demasiados compromisos”. Es decir, estos “Obispos” de las más grandes ciudades de China, donde Beijing es mas vigilante, son simplemente agentes del régimen, como son todos los miembros de la falsa conferencia episcopal que el régimen creó para gobernar la CPA. En las provincias más distantes, sin embargo, el control gubernamental es mucho más flojo, dada la gran vastedad de aquella nación.

Piense lo que piense de la evaluación optimista de Nonini, hay algo que parece ser sólido: que, como Mosher nota, el Vaticano está empeorando la situación al intentar negociar un acuerdo formal por escrito con el mismo Partido comunista que creó la CPA. Cuando el Secretario de Estado del Vaticano entró en negociaciones directas en 2005 “con el objetivo de firmar un acuerdo escrito con el régimen ateo sobre el nombramiento de Obispos”, esto, dice Mosher, ha sido “un gran disparate”. Y explica:

“En primer lugar, llamó la atención del Partido-Estado chino de las actividades de la Iglesia católica en China…los católicos en China eran una pequeña minoría, esparcida en comunidades a todo lo largo y ancho de China. Así siendo, podrían evangelizar, construir iglesias, y hasta abrir seminarios, y todo esto atraería relativamente poca atención hostil de parte del Gobierno central. ‘Las montañas son altas y el emperador está lejos’, como dicen los chinos.

“Pero a partir del momento en que Beijing entró en negociaciones formales con el Vaticano, el Partido-Estado empezó a prestar mucha más atención a las actividades de los seguidores domésticos de esta ‘potencia extranjera hostil’. En otras palabras, el simple hecho de las negociaciones colocó un blanco en la espalda de los católicos chinos. El ‘espacio’ en el que funcionaban empezó a disminuir bajo la vista sin parpadear de la vigilancia estatal.

“Los diplomáticos del Vaticano parecen no haber comprendido que estaban tratando con una dictadura unipartidaria que era mucho más brutal, y mucho menos tolerante que cualesquier expresiones de fe religiosa, como en México en la década de 1990 o en Vietnam en la década de 2000. Porque, en la óptica del PCC, cualquier creencia en una religión trascendente, especialmente las que tienen conexiones con el extranjero, como el catolicismo, es sospechosa, y hasta traidora”.

En otras palabras, la situación ha empeorado inmensamente a causa de las negociaciones que sólo alentaron a Beijing a exigir del Vaticano concesiones formales que hasta ese momento no habían sido ofrecidos ni para discusión. Por esta razón, dice Mosher:

“[E]l mayor disparate hecho por los diplomáticos vaticanos en sus negociaciones intermitentes con China ha sido insistir, a la manera de los círculos diplomáticos occidentales, en la necesidad de un acuerdo formal puesto por escrito. Un acuerdo informal habría sido mucho más apropiado en el contexto cultural chino…

“No es difícil ver que pedir a un funcionario comunista que haga un acuerdo formal por escrito acabaría con cualquier esperanza de un verdadero compromiso. ¿Qué funcionario se atrevería escribir, y mucho menos incitar a sus superiores a firmar, un acuerdo que daría al Vaticano – que es como quien dice, una potencia extranjera – algún control real sobre el nombramiento de los Obispos chinos en una Iglesia controlada por los chinos? Los jefes del Partido quedarían pasmados delante de la mera sugerencia de que la soberanía de China fuese violada de esta manera. Cualquier funcionario que sugiriese otra cosa sería, al mínimo, dimitido”.

El efecto de procurar un acuerdo formal por escrito con los comunistas con respecto a los derechos de la Iglesia en China llevó a Beijing a decir, sustancialmente: “Bueno, ya que hablan de esto, nos gustaría que Roma nos concediese lo siguiente” – incluso, como ahora vemos, la dimisión de los obispos católicos legítimos, para ser sustituidos por Obispos que se han comprometido con el régimen y serán sus fantoches de confianza.

Al mismo tiempo, aprovechándose de la ansiedad del Vaticano por una hoja de papel que significase una “victoria” diplomática, Beijing está reprimiendo a las iglesias “clandestinas”, según los nuevos reglamentos que entraron en vigor el 1 de febrero, evidentemente previendo la cesión del Vaticano cuanto a la legitimidad de la CPA y el derecho del régimen a elegir candidatos para el episcopado en China. Es claro que fueron precisamente las negociaciones entre el Vaticano y Beijing las que alentaron a Beijing a tomar estas medidas represivas.

Así, los hechiceros de la diplomacia vaticana, siguiendo aún la locura de la Ostpolitik, parecen determinados a arrebatar una derrota de las fauces de la victoria por formalizar el control de un régimen comunista sobre la Iglesia visible en China, en vez de permitir que la situación se desarrollase informalmente con el tiempo, de una manera que podría ser mucho más favorable para los católicos chinos, si el Vaticano hubiese resuelto mantener la presión sobre Beijing para el reconocimiento de los derechos de la Iglesia.

Añadid este desastre a todo el desastre de la “renovación” post-Vaticano II de la Iglesia, que ha llevado a la peor crisis de toda su historia – una crisis de la cual sólo Nuestra Señora de Fátima la podrá librar, cuando la Iglesia fuere nuevamente gobernada por un Papa santo y valiente, cuyo nombre podrá bien ser Pio XIII.  




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