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Perspectivas Sobre Fátima
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El Padre Weinandy: Los errores de Amoris Laetitia
no pueden ser aceptados como "Magisterio auténtico"

El Padre Gruner tenía razón

por Christopher A. Ferrara
el 27 de febrero de 2018

Todo el mundo católico que es informado ya está al corriente de la alocución histórica del Padre Capuchino Thomas Weinandy sobre los errores de Amoris Laetitia (AL) y el impacto catastrófico de su implacable promoción por parte del Papa Francisco. Señalando una oposición creciente contra el programa de este Pontífice Romano perverso entre los católicos fieles que ya no pueden ser caricaturados como un “elemento marginal” en la Iglesia, hasta EWTN ha presentado destacadamente el texto completo de la alocución aquí (verla también aquí).

Allí el Padre Weinandy, nada menos que el antiguo secretario de la comisión doctrinal de la Conferencia episcopal de los Estados Unidos (USCCB), demuestra metódicamente como la “implementación” aprobada por Francisco de AL, la cual él se atreve a llamar “Magisterio autentico”, está atacando todas las cuatro marcas de la Iglesia católica: su unidad, su santidad, su catolicidad y su apostolicidad. Este texto es de lectura esencial para todos los católicos y se proyectará ampliamente en la historia de esta crisis eclesial.

Sin embargo, aquí me gustaría centrarme en solamente un punto que el Padre Weinandy desarrolla. Es el mismo punto en el que el Padre Gruner siempre insistió, y que yo repetidas veces he destacado en estas páginas: que simplemente rotular una doctrina errónea como “Magisterio auténtico” no la hace tal, y cualquier esfuerzo de hacerla así es esencialmente una tentativa de defraudar a la Iglesia.

Por el contrario, para ser “Magisterio autentico”, una declaración papal debe conformarse con lo que la Iglesia ha enseñado constantemente, y que no está sujeto a la revocación en nombre de “desarrollo”. El Papa no es el Magisterio. Por el contrario, el Magisterio antecede a cualquier Papa en particular y debe ser seguido por él, y él no puede someterlo a su voluntad personal.

Como explica el Padre Weinandy (añadimos los saltos de párrafos):

  • “Además de eso, parecer sancionar una interpretación de doctrina o moral que infringe lo que ha sido la doctrina apostólica recibida y la tradición magisterial de la Iglesia, como fue definida dogmáticamente por los Concilios y enseñada doctrinalmente por Papas anteriores y por los Obispos en comunión con ellos, así como aceptado y creído por los fieles, no puede ser, por eso, propuesta como doctrina magisterial”.
  • El magisterio simplemente no puede contradecirse fundamentalmente en materia de fe y de moral. Aunque una cierta doctrina y confirmación puedan ser decretadas por un miembro del Magisterio, tal como el Papa, esa doctrina y confirmación no es magisterial precisamente porque no está de acuerdo con la doctrina magisterial anterior”.
  • “Actuando de esa manera, el Pontífice, o [hasta] un Obispo, está actuando de tal manera que se coloca fuera de la comunión magisterial de los Pontífices anteriores y Obispos, y por lo tanto no es un acto magisterial”.
  • “Para actuar de forma magisterial es necesario estar, incluso el Papa, en comunión con toda la tradición siempre viva y magisterial. En materia de fe y de moral, la enseñanza siguiente aplica: ningún Papa vivo tiene precedencia apostólica y magisterial sobre las enseñanzas magisteriales de los Pontífices anteriores o sobre la tradición doctrinal magisterial establecida”.
  • “El significado magisterial y apostólico de las enseñanzas de un Pontífice presente está precisamente en ser en conformidad con, y por lo tanto en comunión viva con la tradición histórica magisterial y apostólica continua”.

Exactamente. Porque si así no fuese, la Iglesia sería una especie de secta gnóstica, cuyos miembros serían compelidos a creer en lo que quiere que el “Oráculo de Roma” clasificase como “Magisterio auténtico”. La Fe no tendría un contenido fijo, inmutable y objetivo. Esto no es el papado, sino su caricatura protestante.

La conclusión del Padre Weinandy es devastadora. “El hecho de que las enseñanzas ambiguas del Papa Francisco parecen a veces caer fuera de la doctrina magisterial de la comunidad eclesial apostólica e histórica es así una causa de preocupación, porque, como anteriormente se afirmó, fomenta la división y la desarmonía, en vez de la unidad y la paz, dentro de la única iglesia apostólica. Como consecuencia, parece no haber una certeza de fe”.

La Iglesia nunca ha atestiguado un tal espectáculo. Indica la venida de consecuencias dramáticas para la Iglesia y para el mundo, cuando la fama inútil de los hombres se enfrenta con la voluntad inevitable de Dios. Es ésta la advertencia profética del Tercer Secreto de Fátima.




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