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Perspectivas Sobre Fátima
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El Papa Francisco y la
paradoja del relativismo absoluto

por Christopher A. Ferrara
el 19 de febrero de 2018

Un encuentro con un grupo de sus colegas Jesuitas latinoamericanos subversivos en Chile, transcrito por su “portavoz” jesuita, el Padre Antonio Spadaro, editor de La Civiltà Cattolica, y publicado en la traducción inglesa por Life Site News, nos ha proporcionado un temible indicio de la mentalidad subyacente que Philip Lawler ha llamado, y con razón “este papado desastroso”.

Cuando uno de los presentes le hizo una pregunta sobre la “resistencia” católica contra sus “reformas”, el Papa Francisco respondió:

“Cuando me enfrento a una dificultad, nunca le llamo ‘resistencia’, porque esto significaría desistir del discernimiento, que es lo que yo quiero hacer. Es fácil decir que hay resistencia y no comprender que en el retroceso también puede haber un grano de la verdad. Y así dejo que me ayuden con el retroceso. Muchas veces pregunto a alguien: ¿‘Qué piensa de esto’?

“Esto también me ayuda a poner las cosas en perspectiva, que a la primera vista parece ser resistencia, pero en realidad es una reacción que nace de un malentendido, del hecho de que hay algunas cosas que es necesario repetir y explicar mejor. Puede ser un defecto mío, que a veces considero algunas cosas obvias, y entonces doy un salto lógico sin explicar bien el proceso, porque estoy convencido de que la otra persona captó inmediatamente mi razonamiento. Y comprendo que, si vuelvo atrás y lo explico mejor, en aquel momento la otra persona dice ‘Oh, sí, estoy de acuerdo…’ En resumen, es muy útil examinar con atención el significado de este retroceso”.

En otras palabras, sus críticos son todas víctimas de un malentendido acerca de lo que él considera completamente obvio: necesita explicar mejor su “razonamiento” a aquellos que no consiguen “captarlo”. Tal vez si él hablase muy lentamente, todos aquellos burros de la “resistencia” lo comprenderían – como si él no se hubiese hecho perfectamente claro en el lenguaje más simple (y muchas veces más tosco) desde los últimos cinco años.

Aquí vemos el pensamiento de un Papa que considera el Magisterio como producto de sus procesos mentales personales en vez de una herencia doctrinal sagrada que es su deber proteger, así como las disciplinas inmemoriales conectadas integralmente a la doctrina, tales como la prohibición de ministrar la Sagrada Comunión a adúlteros públicos en pretendidos “segundos matrimonios”.

De hecho, como ha hecho constantemente, aquí Francisco expresa desprecio precisamente de la doctrina y disciplina constantes de la Iglesia:

“Pero cuando me doy cuenta de que hay una auténtica resistencia, claro que esto me desagrada. Algunas personas me dicen que la resistencia es normal cuando alguien quiere hacer cambios. El famoso ‘nosotros siempre lo hemos hecho así’ reina en todos lados, es una gran tentación que todos hemos enfrentado”.

En la mente de Francisco, una defensa de la doctrina y disciplina constantes de la Iglesia contra innovaciones temerarias no es más que un hábito de vistas estrechas de conformismo con una mera rutina. Este desprecio de los fieles y de la Tradición en sí es punzante por más veces que Francisco lo repita de varias formas.

A continuación viene esta declaración pasmosa:

“Por ejemplo, nosotros todos hemos vivido en el post-Vaticano II. La oposición después del Vaticano II, que todavía está presente, tiene esta finalidad: relativizar, diluir el Concilio. Tengo más pena aún cuando alguien se alista en una campaña de resistencia. E infelizmente también veo esto. Me preguntan sobre la resistencia, y así no puedo negar que hay resistencia. La veo y soy consciente de ella”.

El único absoluto en la mente del Papa Francisco es “el Concilio”. Esto es lo único que no puede ser relativizado por la “resistencia” perversa para realizar reformas, cuya finalidad es abolir la mentalidad banal de “nosotros siempre lo hemos hecho así”.

Ni siquiera la moralidad es absoluta en la mente de Francisco, y fue ésta la razón de haber promulgado Amoris Laetitia (AL):

“Creo que una de las cosas que la Iglesia necesita más hoy, y esto es muy claro en las perspectivas y objetivos pastorales de Amoris Laetitia, es el discernimiento. Estamos acostumbrados a ‘o puedes o no puedes’. La [aproximación] moral usada en Amoris Laetitia es la doctrina moral tomista más clásica, la de Santo Tomás, y no del tomismo decadente como aquel que algunos de vosotros habéis estudiado. En mi formación, también recibí una manera de pensar que era ‘hasta este punto puedes, a partir de este punto no puedes’”.

La tentativa de utilizar a Santo Tomás, el Doctor Angélico, para admitir a adúlteros públicos a la Sagrada Comunión ni merece ser comentada, sino para decir que la observación más caritativa de la opinión de Francisco es que no sabe nada de lo que Santo Tomás enseña sobre el carácter del Sexto Mandamiento siendo absolutamente sin excepciones y obligatorio en modo universal, o sobre los otros preceptos negativos de la ley divina y natural.

Al contrario de Santo Tomás, el Papa Francisco reduce toda la doctrina anterior de la Iglesia sobre el Sexto Mandamiento a una anécdota barata:

“No sé si se acuerda [aquí el Papa mira a uno de los presentes] del Jesuita colombiano que vino a enseñarnos la [teología] moral en el Colegio Massimo. Cuando llegó el momento de hablar sobre el Sexto Mandamiento, alguien se atrevió a hacer una pregunta: “Los novios comprometidos pueden besarse’? ¡Si ellos podrían besarse! ¿Comprenden todos? Y él dijo, ‘Sí, ¡pueden! ¡No hay problema! Basta sin embargo que pongan un pañuelo entre ellos’. Ésta es una forma mentis de hacer teología en general. Una forma mentis basada en límites. Y estamos sufriendo las consecuencias”.

Al citar esta anécdota trivial como si fuese una profunda observación teológica en vez de la baja demagogia que es, Francisco opina que la idea de que hay limites estrictos a la conducta humana según el Sexto Mandamiento debe ser dejado de lado.

¡Si esto fuese apenas una pesadilla y no una realidad viva!

Al señalar a su autorización de la Sagrada Comunión para adúlteros públicos que tienen intención de continuar cometiendo adulterio en la forma de “re-casamiento” siguiendo el divorcio civil, Francisco entra en el juego de las conchas del Modernismo clásico:

“Si echan una mirada por el panorama de las reacciones levantadas por Amoris Laetitia, verán que las críticas más fuertes hechas contra la Exhortación tratan con el octavo capítulo: ¿puede una persona que está divorciada [y re-casada] recibir la Comunión o no? Pero Amoris Laetitia va en una dirección completamente diferente. No entra en estas distinciones y pone el problema del discernimiento…”

Cuando le hacen preguntas sobre su autorización de la Sagrada Comunión para los adúlteros públicos, el Papa Francisco dice, en esencia: ¡no os fijéis en eso, mirad abajo y dentro de esta concha aquí – discernimiento! Y en el mientras tanto, ha autorizado la Sagrada Comunión a los adúlteros públicos.

Francisco admite que es consciente de la “resistencia doctrinal” a su pensamiento – refiriéndose a la defensa de la doctrina católica en contra – pero afirma que “Por una cuestión de salud mental no leo las páginas de web de la llamada ‘resistencia’”. Esta triste gente, dice Francisco, “cree que posee la verdadera doctrina y nos acusa de ser herejes…” Tal vez la salud mental de Francisco pudiese mejorar si leyese algunas de las críticas a sus novedades que han aparecido en todo el mundo católico.

A la luz de esta entrevista, el Sr. Lawler debería considerar rehacer el título de su libro, que pronto va a ser lanzado: “Pastor perdido: Cómo el Papa Francisco está extraviando a su rebaño”. Sería más apropiado algo aún más fuerte.




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