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Perspectivas Sobre Fátima
Perspectivas sobre Fátima

La próxima fase de "reescribir" Humanae Vitae:
Sean los laicos quienes decidan

por Christopher A. Ferrara
el 8 de febrero de 2018

Es ahora obvio para los católicos de buena voluntad, y no solamente para los “tradicionalistas” y “Fatimistas”, que han reconocido inmediatamente, que “el liderazgo del Papa actual ha llegado a ser un peligro para la fe”, como Philip Lawler ha comentado. Lawler ha escrito cuando Francisco había “simplemente” permitido así el mal intrínseco del adulterio abriendo la puerta a la Sagrada Comunión para adúlteros públicos en “segundos matrimonios”. ¡Pero ahora el Papa Francisco apunta claramente a su mira para socavar la doctrina de Pablo VI sobre el mal intrínseco de la anticoncepción – en el momento en que se prepara para canonizarlo”! Se nota aquí una estrategia curiosa: canonizar a los Papas conciliares y después echar fuera sus enseñanzas morales.

Cuanto a la conspiración – no hay otra palabra para ella – cuanto está en cuestión echar fuera el Humanae Vitae (HV) del Pablo VI, los colaboradores del Papa han tenido recurso a la táctica modernista de referir el asunto al “pueblo de Dios”. Así, el “teólogo moral” Maurizio Chiodi, nombrado por Francisco para la “nueva, mejorada” (es decir, destruida) Academia Pontifica para la Vida, ha declarado que HV no debería ser considerada doctrina obligatoria del Magisterio perenne, simplemente porque “ahora la gran mayoría de las parejas casadas que son creyentes, viven como si la norma no existiese”.

En respuesta a esta burla, que reduciría toda la moralidad y hasta todo el Magisterio a una cuestión de opinión de la mayoría, Sandro Magister ha publicado una intervención anónima de “un eclesiástico con instrucción en estudios especializados avanzados, y que tuvo cargos docentes significativos en Italia y en el extranjero”. La intervención es anónima porque, bajo el reinado del “Papa Dictador”, es casi cierto que caería una represalia inmediata sobre cualquier persona que ocupase un cargo eclesiástico que se atreviese a decir la verdad sobre este pontificado.

Este erudito católico denuncia como “torpe y engañosa” la “tentativa de colocar sobre los fieles – en particular, los cónyuges – la carga de la prueba de que la doctrina de HV sobre la regulación natural de nacimientos no pertenece al patrimonio consolidado y perenne”, considerándolo un “juicio temerario que haría de los cónyuges católicos responsables, en parte o totalmente, por la no-implementación de la norma de HV…”

La súplica a la “conciencia” como juez de la moralidad de la anticoncepción es sofistería. La conciencia que debe ser seguida debe ser bien formada, y no deformada por el pecado habitual. Y la conciencia nunca puede suplantar los mandamientos de la ley natural, haciendo moral lo que es intrínsecamente inmoral. Y, observe el escritor, si la conciencia de la mayoría de los católicos ya no está bien formada sobre este asunto, entonces la culpa recae sobre los sacerdotes y, antes de ellos, los Obispos que han faltado en catequizar debidamente a los fieles porque ellos mismos rechazan o están poco dispuestos a defender las enseñanzas de HV.

Basar la moralidad en las ovejas errantes que los pastores mismos las han hecho errantes es la cumbre de la locura y doblez. Significaría, escribe el erudito, que las conciencias errantes de la mayoría, mal formadas por la negligencia de sus pastores, “serían traducidas en una norma (nueva, modificada, o reinterpretada) que habría ser aplicada a todos los creyentes. Si el testimonio de sus conciencias es falso, los fieles tendrían que suportar la carga de una directiva engañosa, dada a toda la Iglesia, y la teología escondería su responsabilidad en este ‘nuevo camino’ por detrás de la respuesta del pueblo a la cuestión pilatesca: ‘En conciencia, qué queréis que sea liberalizado: ¿el reglamento natural de la fertilidad, o la anticoncepción’”?

En otras palabras: “Es el pueblo quien decide” – este mismo pueblo cuyo juicio errado ya había sido predeterminado por el fracaso culpable o subversión deliberada de quien les presentaría el asunto para que decidiesen. De hecho, una tal maniobra haría que Pilatos se considerase virtuoso, porque él no predeterminó el juicio de la población que exigía la crucifixión de Nuestro Señor, sino que, por el contrario, intentó evitarla.

El erudito anónimo concluye su artículo haciendo notar que Chiodi “fue repetidas veces llamado por el entonces presidente del Consejo Pontificio para la Familia, Arzobispo Vincenzo Paglia, para dar seminarios sobre la moralidad conyugal y la procreación a los funcionarios de ese dicasterio” – que Francisco después ha abolido. Parece que ha abolido el Consejo porque sus miembros, “sólidamente formados en la escuela de los antecesores del Arzobispo Paglia, los Cardenales Alfonso López Trujillo y Ennio Antonelli – nunca se inclinaron a la tentativa del adoctrinamiento promovido por él que es ahora presidente de la Academia Pontificia para la Vida”.

Considerad la realidad con la que ahora estamos confrontados: ¡un Papa que procura imponer la creencia de que los males intrínsecos pueden ser justificados en base a las conciencias errantes de un laicado mal formado – y mal formado precisamente por los falsos pastores que pretenden ahora consultarlos en asuntos de moralidad”!

De hecho, ésta es la apostasía que “comenzará por lo alto”. Pero no debemos temer. Conservemos la Fe y esperemos con confianza la intervención divina de esta perversión, después que el Mensaje de Fátima sea finalmente escuchado, sin duda según el liderazgo de un santo y valiente Papa.




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