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La entrevista de Parolin:
Un maestro de la doblez confirma la traición
que va a ser hecha a los católicos de China

por Christopher A. Ferrara
el 1 de febrero de 2018

Mientras el Cardenal Zen protesta públicamente conta la conspiración para obligar a obispos católicos verdaderos en China a renunciar a favor de fantoches de Beijing, ilícitamente consagrados, que pertenecen a la pseudo-Iglesia controlada por los comunistas, la Asociación católica patriótica (CPA), el Vaticano aumenta su ofensiva de relaciones públicas a favor de la traición planeada. Esto incluye una entrevista con el Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, que ha acabado de ser publicada en el Vatican Insider.

Tenemos aquí a un maestro de la doblez del Vaticano en acción. Habla y vuelve a hablar, construyendo una ensalada de palabras para esconder la mosca muerta en el fondo del tazón: es decir, que el Vaticano está preparado para capitular delante del control de los comunistas chinos sobre la Iglesia visible en China a través de la CPA.

Aquí está la traducción de la duplicidad del Cardenal:

“La Santa Sede siempre ha mantenido una cercanía pastoral, intentando superar los contrastes y haciéndose disponible a un diálogo respetuoso y constructivo con las autoridades civiles”.

Traducción: El Vaticano está negociando con el demonio en Beijing.

“En el pontificado del Papa Francisco, las negociaciones en curso se mueven exactamente según estas líneas: abertura constructiva al diálogo y fidelidad a la auténtica Tradición de la Iglesia”.

Traducción: La Tradición, para nosotros, es sólo palabras mientras negociamos las condiciones de su destrucción en China.

“En primer lugar, me gustaría establecer una premisa: en China, tal vez más que en cualquier otro lado, los católicos han conseguido preservar, a pesar de muchas dificultades y sufrimientos, el autentico depósito de la Fe, manteniendo firmemente el vínculo de la comunión jerárquica entre los obispos y el Sucesor de Pedro, como garantía visible de la fe misma”.

Traducción: Los obispos ilícitamente consagrados y cismáticos conectados a la CPA, todos ellos sujetos a los dictadores comunistas, están tanto en “comunión” con Roma como los legítimos obispos “clandestinos”.

“Sabe, en China no hay dos Iglesias sino dos comunidades de fieles llamadas a seguir un camino gradual de reconciliación hasta alcanzar la unidad”.

Traducción: La CPA – creada por comunistas para oprimir a la Iglesia católica en China, usurpar su episcopado y sujetar a sus miembros a la dominación por parte del Gobierno – no es una parte menor de la Iglesia que la Iglesia “clandestina” perseguida. Ambas son igualmente “comunidades de fieles”.

“No se trata, por lo tanto, de mantener un conflicto perene entre principios y estructuras opuestas, sino de encontrar soluciones pastorales realistas que permitan a los católicos vivir su fe y continuar juntos el trabajo de la evangelización en el contexto específico chino”.

Traducción: El Vaticano irá a capitular cuanto a la legitimización de la CPA controlada por los comunistas, un cisma declarado, al que ahora pasamos a referirnos eufemísticamente como un trivial “conflicto entre principios y estructuras”.

“Será necesario tiempo y paciencia para curar las muchas heridas personales infligidas una a la otra dentro de las comunidades”.

Traducción: La CPA creada y controlada por los comunistas, y la brutalmente perseguida Iglesia “clandestina” son moralmente equivalentes, siendo cada una culpable de ofender a la otra.

“Tristemente, es cierto que aún habrá malentendidos, fatigas y sufrimientos que enfrentar”.

Traducción: Vamos a traicionar a los católicos “clandestinos”, que irán a “comprender mal” haber sido traicionados.

“Pero todos confiamos, a partir del momento en que el problema de los nombramientos episcopales sea considerado adecuadamente, que las dificultades que restaren no sean de tal manera que impidan a los católicos chinos vivir en comunión unos con otros y con el Papa”.

Traducción: Estamos organizando un acuerdo según el cual la CPA será legitimada y será concedida a los comunistas y ateos en Beijing una cierta medida de control con respecto a los nombramientos de Obispos, siendo así traicionados los fieles católicos de la Iglesia “clandestina” que han sufrido opresión, prisión y hasta muerte para no tener que adherirse a una pseudo-Iglesia comunista.

“Con honestidad y realismo, la Iglesia no pide más que profesar su fe con más serenidad, acabando definitivamente con un largo período de contrastes para dar más espacio a una mayor confianza y ofrecer una contribución positiva de los católicos para el bien de toda la sociedad china”.

Traducción: La existencia ilegítima de la CPA en oposición a la Iglesia verdadera en China es un mero “contraste” que estamos ahora preparados a pasar por alto, traicionando en esta manera a los católicos que han sufrido durante décadas por no unirse a un cisma creado por los comunistas.

“Si no estuviésemos prontos a perdonar, esto quiere decir, tristemente, que hay otros intereses a defender: pero esta perspectiva no es evangélica”.

Traducción: Los católicos de la verdadera Iglesia en China deben estar prontos para perdonar a sus opresores comunistas en la medida en que el Vaticano se prepara para capitular ante el régimen de Beijing, reconociendo la legitimidad de la CPA y de sus obispos fantoches.

“Me gustaría decir con gran simplicidad y claridad que la Iglesia nunca olvidará las tribulaciones y sufrimientos pasados y presentes de los católicos chinos. Todo esto es un gran tesoro para la Iglesia universal. Por lo tanto, a los católicos chinos digo con gran fraternidad: estamos con vosotros, no apenas por la oración, sino también por nuestro compromiso diario de acompañaros y apoyaros en el camino de la plena comunión. Os pedimos, pues, para que nadie se agarre al espíritu de la oposición para condenar a su hermano o usar el pasado como excusa para agitar nuevos resentimientos y cierres”.

Traducción: ¡Gracias por todo ese sufrimiento! ¡Estamos realmente muy agradecidos! Pero ahora, que estamos negociando entregaros a una dictadura comunista, dejad de actuar con un espíritu de oposición a la traición que se aproxima.

Cuando le fue hecha una de las pocas preguntas difíciles que esta entrevista contiene – sobre la base de su confianza en Beijing – Parolin se salió con esta enormidad:

“La confianza no es el resultado de la fuerza de la diplomacia o de negociaciones. La confianza se basa en el Señor que guía la Historia. Confiamos que los fieles chinos, gracias a su sentido de fe, sepan reconocer que la acción de la Santa Sede está animada por esta confianza, que no responde a la lógica mundana. Compete especialmente a los pastores que ayudan a los fieles a reconocer en la orientación del Papa el punto de referencia cierto para alcanzar el plan de Dios en las circunstancias presentes”.

Traducción: Es el Señor quien desea que capitulemos ante los comunistas en Beijing, y debemos confiar ciegamente en que el Papa es apenas el instrumento del Señor en este asunto.

Al serle pedido que comentase sobre la objeción de que el Vaticano estaba comprometido a una “verdadera ‘rendición’ por razones políticas”, Parolin aceleró su máquina de ofuscación:

“Pienso, en primer lugar, que en la Iglesia hay un derecho completo de discordar y de expresar nuestras críticas, y que la Santa Sede tiene un deber moral de oírlas y de evaluarlas cuidadosamente. También estoy convencido de que, entre cristianos, la crítica debe estar orientada para construir la comunión y no para crear divisiones. Para ser franco, voy a decirles: también estoy convencido de que parte del sufrimiento experimentado por la Iglesia en China no se debe tanto a la voluntad de individuos como a la complejidad objetiva de la situación. Por lo tanto, es legítimo tener puntos de vista diferentes sobre las respuestas más apropiadas a los problemas del pasado y del presente. Esto es completamente razonable. Habiendo dicho esto, pienso que ningún punto de vista personal puede ser considerado como un intérprete exclusivo de lo que es bueno para los católicos chinos. Por lo tanto, la Santa Sede trabaja por encontrar una síntesis de la verdad y una manera práctica de responder a las legítimas expectativas de los fieles, dentro y fuera de China. Es necesario mayor humildad y espíritu de fe para descubrir juntos el plan de Dios para la Iglesia en China. Es necesario mayor cuidado y moderación de parte de todos para no caer en polémicas estériles que perjudican la comunión y roban nuestra esperanza de un futuro mejor”.

Traducción: Respectamos la opinión de aquellos que estamos planeando traicionar, y ciertamente tendremos que considerarla para llegar a nuestra “síntesis de la verdad” – o sea traicionar a los verdaderos católicos de China – pero bla, bla, bla.

En este momento el entrevistador respondió, muy apropiadamente: ¿“Que quiere decir”? ¿Realmente, que quiere decir él? Es necesario una traducción, y aquí la doy.

Pero Parolin aún no había agotado su doblez. Concluye la entrevista con un clásico baturrillo modernista:

“Quiero decir que estamos todos llamados a distinguir de forma más apropiada la dimensión espiritual y pastoral de la política. Comencemos, por ejemplo, con las palabras que usamos todos los días. Expresiones como poder, traición, resistencia, rendición, confrontación, fracaso, compromiso, deberían dar lugar a otras, como servicio, diálogo, misericordia, perdón, reconciliación, colaboración, comunión. Si no estuviésemos preparados para cambiar esta aproximación, sería un problema serio: lo de pensar y actuar apenas políticamente. Cuanto a esto, la Santa Sede espera de todos, una conversión pastoral sincera, inspirada por el Evangelio de la misericordia, para aprender a dar la bienvenida de unos a los otros entre hermanos y hermanas, como el Papa Francisco ha pedido muchas veces”.

Traducción: No piensen que lo que estamos haciendo es traicionar o rendir a la Iglesia verdadera a favor de un cisma creado por los comunistas, y dejen de pensar en términos de resistencia al régimen comunista en Beijing. Piensen apenas en cosas bonitas: misericordia, perdón, reconciliación, colaboración y comunión. Así pueden hacer caso omiso a la verdad: que vamos a venderlos a una banda de ateos y comunistas.

Resumiendo, la entrevista de Parolin es un ejemplo más de cómo el Vaticano postconciliar ha llegado a ser el equivalente eclesial del Ministerio de la Verdad en la Oceanía de George Orwell. Y aquí, una vez más, vemos el peligro de la ascendencia del Secretario de Estado del Vaticano después de Vaticano II, un desarrollo que el Padre Gruner nunca dejó de condenar como un acontecimiento notable en la mayor crisis que la Iglesia ha visto – precisamente la crisis predicha en el Tercer Secreto de Fátima.

Solo podemos rezar para que el Señor de la Historia, tan desvergonzadamente invocado por el Cardenal Parolin para justificar su locura humana, intervenga precisamente para impedirlo. Quiera Nuestra Señora de Fátima interceder con el Señor de la Historia para obtener justicia a los fieles católicos de China, que hace tanto tiempo están sufriendo, mientras esperamos la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón.




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