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Perspectivas Sobre Fátima
Perspectivas sobre Fátima

El actual caos eclesial deriva de un error subversivo

por Christopher A. Ferrara
el 31 de enero de 2018

En este año, el quinto del actual pontificado, las señales de que el Papa Francisco está preparándose para otro desastroso “cambio de paradigma” – para complementar su aprobación de la admisión de adúlteros públicos a la Sagrada Comunión – están comenzando a multiplicarse. He dado a conocer algunas de estas señales en esta columna, mientras que Sandro Magister ya ha conectado el número suficiente de puntos para escribir un artículo titulado “Adiós, Humanae Vitae, Francisco liberaliza la Pastilla”.

Sin embargo, nada de esto debería sorprendernos. Porque Francisco, el Jesuita liberal, ha anunciado desde hace mucho el error que iría a constituir la fuente de su espantoso e implacable ataque contra los preceptos negativos y absolutamente obligatorios de la ley divina y natural, explícitamente presentados en el Sexto Mandamiento. Toda la verbosidad de Amoris Laetitia se resume en la proposición subversiva que Francisco ha declarado en un libro-entrevista en 2014 con Ferruccio De Bortoli, director de Corriere della Sera. En este libro, titulado Soy padre y a me gusta serlo, leemos lo siguiente, con respecto a la idea que el Papa Francisco tiene de Humanae Vitae, documento ese que alaba al mismo tiempo que lo socava completamente:

“Todo depende de cómo Humanae Vitae es interpretada…La cuestión no es la de cambiar la doctrina, sino de andar en profundidad y hacer que la práctica pastoral tenga en cuenta las situaciones y lo que a las personas le es posible hacer”.

[Tutto depende come viene interpretata L’Humanae Vitae... La questione non è quella di cambiare la dottrina, ma di andare in profondità e far sì che la pastorale tenga conto delle situazioni e di ciò che per le persone è possibile fare.]

Por otras palabras, según Francisco, las personas no están absolutamente obligadas a obedecer al precepto negativo de la ley natural que prohíbe la anticoncepción si, dicen ellas, no son capaces de hacerlo en sus “situaciones” particulares. Con esta declaración – por increíble que parezca – el actual ocupante de la Sede de Pedro quiere reducir la ley de la moral natural a un simple punto de referencia a ser alcanzado si fuere “posible”, y no el estricto Mandamiento de Dios que Su gracia nos permite cumplir. La ley moral es considerada imposible de ser cumplida en el caso de ciertas personas que creen que tengan buenas disculpas para su comportamiento inmoral y el Sexto Mandamiento es reescrito para afirmar: Siempre que sea Posible, No Cometerás Adulterio.

El Papa Francisco se opone así contra la doctrina constante e infalible de la Iglesia católica, como resume (dirigiéndose a los errores de los protestantes) el Concilio de Trento:

“Pero nadie, aunque esté justificado, debe persuadirse de que está exento de la observancia de los mandamientos, ni valerse tampoco de aquellas voces temerarias, y prohibidas con anatema por los Padres, es a saber: que la observancia de los preceptos divinos es imposible al hombre justificado.

Porque Dios no manda imposibles (Jn. 5); sino mandando, amonesta a que hagas lo que puedas y a que pidas lo que no puedas; ayudando al mismo tiempo con sus auxilios para que puedas;

“pues no son pesados los mandamientos de aquel, cuyo yugo es suave y su carga ligera”.

La idea de Francisco de que los fieles, hasta con la asistencia de la Gracia divina, son incapaces de cumplir los Mandamientos de Dios, y, por lo tanto, sólo están obligados por la ley moral a satisfacer la parte que consideran “posible” se encuentran también frente  al anatema de Trento:

“Canon XVIII. Si alguno dijere que es imposible al hombre aun justificado y constituido en gracia, observar los mandamientos de Dios; sea excomulgado”.

Si alguien supiese explicar cómo la opinión de Francisco, de que obedecer a la ley moral debe estar limitado en la “practica pastoral” a “lo que a las personas le es posible hacer”, no incurre en la anatema Tridentina, yo tendría interés en oír la explicación. Y que quien lo explique diga también cómo es que la completa novedad de Francisco puede reconciliarse con las enseñanzas de Juan Pablo II, en línea con toda la Tradición:

“Los preceptos negativos de la ley natural son universalmente válidos: obligan a todos y cada uno, siempre y en toda circunstancia. En efecto, se trata de prohibiciones que vedan una determinada acción semper et pro semper, sin excepciones, porque la elección de ese comportamiento en ningún caso es compatible con la bondad de la voluntad de la persona que actúa, con su vocación a la vida con Dios y a la comunión con el prójimo. Está prohibido a cada uno y siempre infringir preceptos que vinculan a todos y cueste lo que cueste…

“Se dan comportamientos que nunca y en ninguna situación pueden ser una respuesta adecuada, o sea, conforme a la dignidad de la persona. En último término, siempre es posible que al hombre, debido a presiones u otras circunstancias, le sea imposible realizar determinadas acciones buenas; pero nunca se le puede impedir que no haga determinadas acciones, sobre todo si está dispuesto a morir antes que hacer el mal.

“La Iglesia ha enseñado siempre que nunca se deben escoger comportamientos prohibidos por los mandamientos morales, expresados de manera negativa en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Como se ha visto, Jesús mismo afirma la inderogabilidad de estas prohibiciones: ‘Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos...: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso’ (Mt 19, 17-18)” [Veritatis Splendor, n. 52]

En el momento en que los trastornos verdaderamente apocalípticos de este pontificado sin paralelo amenazan obscurecer a toda la Iglesia, sólo podemos pedir con confianza a la Virgen Madre de Dios la intercesión materna que ponga fin a esta locura – en el momento elegido por Dios y según el plan que Su Madre reveló en Fátima. Hasta entonces, si Dios quiere, este apostolado continuará defendiendo la verdad que nos libra contra el espíritu de los tiempos en que una gran parte del elemento humano de la Iglesia se ha rendido.




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