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Perspectivas Sobre Fátima
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Revelaciones del Cardenal Zen sobre la próxima traición
del Vaticano a los católicos de China

por Christopher A. Ferrara
el 30 de enero de 2018

Sandro Magister ha publicado en su blog una carta dirigida a los medios de comunicación social del Cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, Obispo emérito de Hong Kong, que se ha opuesto firmemente a lo largo de los últimos 20 años a la lenta traición de la Iglesia católica “clandestina” (es decir, la verdadera) en China, traición esa que parece haberse acelerado durante este pontificado.

El Cardenal Zen informa sobre su reciente audiencia con el Papa Francisco, durante la cual protestó que “la Santa Sede había sido pedido a obispos legítimos que renunciasen para dar lugar a ‘obispos’ ilegítimos y hasta explícitamente excomulgados” de la llamada Asociación Patriótica católica (CPA), la pseudo-Iglesia creada por la dictadura comunista en Beijing. En particular, el Cardenal habló con el Papa sobre la exigencia del Vaticano para que el Obispo Zhuang, el auténtico Obispo católico de Shantou, renunciase a favor de Huang Bingzhang, quien hasta el New York Times llama “Obispo excomulgado y miembro del Parlamento fantoche de China, el Congreso Nacional del Pueblo”.

El Cardenal señaló en primer lugar que, cuando había sido antes informado sobre la situación en Shantou y Mindong por el Arzobispo chino Savio Hon Tai Fai, el Papa dijo a Hon que estaba “sorprendido y prometió enterarse del asunto”. Sin embargo, las acciones posteriores del Vaticano, en diciembre pasado, indicaron que el Papa no había hecho nada para impedir que fuesen despedidos dos auténticos Obispos católicos a favor de dos cismáticos, fantoches del régimen de Beijing. Esto ocasionó el viaje del Cardenal Zen a Roma y su entrega exitosa de la declaración de averías del Obispo Zhuang en las manos del Papa en una audiencia general, que fue seguida por la concesión del Papa de una audiencia con el Cardenal, que tuvo lugar el 14 de enero.

El Cardenal reveló lo que el Papa le dijo durante la audiencia, a pesar de cualquier pretensión de “confidencialidad”, porque “sabiendo directamente la situación de Shantou e indirectamente la de Mindong [el local del otro Obispo a quien se pidió que renunciase]…sentí el deber de compartir mi conocimiento de los hechos, para que las personas sinceramente preocupadas con el bien de la Iglesia pudiesen saber la verdad y que tienen derecho a eso…Mi conciencia me dice que en este caso el ‘derecho a la verdad’ debería anular a un tal ‘deber de confidencialidad’”.

Durante la conversación de media hora que tuvo con Francisco, el Cardenal Zen sintió que era capaz de “transmitir al Santo Padre las preocupaciones de los fieles, sus hijos, en China”. Pero cuando preguntó al Papa “si él tendría tiempo de ‘considerar bien el asunto’ [como había prometido al Arzobispo Savio Hon],” el Papa respondió: “Sí, yo les dije [a sus colaboradores en la Santa Sede] no crear otro caso Mindszenty”! (Una referencia al Cardenal Josef Mindszenty, Arzobispo de Budapest y Cardenal Primado de Hungría que bajo el dominio comunista, fue condenado a prisión perpetua y sometido a tortura hasta que su liberación durante la revolución anticomunista de 1956. El Vaticano de Pablo VI le ordenó vergonzosamente que él dejase Hungría para dar lugar a un sucesor aceptable a los comunistas después de que la revolución hubiese fracasado).

Desgraciadamente, parece que esto es un caso más de un Papa diciendo a alguien lo que esa persona quiere oír, y  a continuación le hace caso omiso o hace precisamente lo opuesto de lo que había prometido, como hemos visto con la promesa del Papa de que “rápidamente, rápidamente” la persecución de los Frailes Franciscanos de la Inmaculada iría a terminar, y en las secuelas de esa afirmación, la Orden ha sido totalmente destruida.

Debemos concordar con el Cardenal Zen cuando él se declara a sí mismo “pesimista cuanto a la situación presente de la Iglesia en China,” basándose en su “extensa experiencia directa de la Iglesia en China”. Además de eso, observó que “según información reciente, no hay razón para cambiar ese punto de vista pesimista. El Gobierno comunista está haciendo nuevos reglamentos aún más rigurosos para limitar la libertad religiosa. Están ahora haciendo valer estrictamente reglamentos que hasta ahora existían prácticamente apenas en papel (a partir del 1 de febrero de 2018 asistir la Misa en la clandestinidad ya no será tolerado)”.

Cuanto a la pretensión de que el Vaticano esté intentado alcanzar un acuerdo con Beijing para evitar un cisma, el Cardenal responde con la irrisión que tal aserción merece: “Que ridículo! ¡El cisma está allí, en la Iglesia independiente! Los Papas evitaron usar la palabra ‘cisma’ porque sabe que muchos en la comunidad católica oficial no están allí por su libre voluntad, sino bajo gran presión. La propuesta ‘unificación’ forzaría a toda la gente a entrar en esa comunidad. El Vaticano estaría dando la bendición a la nueva reforzada Iglesia cismática, aplacando las malas conciencias de todos los que ya son renegados con plena voluntad y de otros que rápidamente se les juntarían”.

El Cardenal Zen señala la verdad evidente de que nunca puede haber un “[acuerdo] ‘mutuo’ con un régimen totalitario… O nos rendimos o aceptamos la persecución, pero manteniéndonos fieles (¿podéis imaginar un acuerdo entre San José y el Rey Herodes?)” Pero un acuerdo con Herodes es precisamente lo que el Vaticano parece estar determinado a alcanzar.

El Cardenal concluye su declaración respondiendo a sus propias preguntas:

“Entonces, ¿pienso yo que el Vaticano está traicionando a la Iglesia católica en China? Sí, definitivamente, si van en la dirección que obviamente van según todo lo que han hecho en años y meses recientes…

“Seré yo el obstáculo principal contra el proceso de alcanzar un acuerdo entre el Vaticano y China? Si es un mal acuerdo, quedaría yo más que satisfecho en ser el obstáculo”.

En todo caso, sería una locura confiar en cualquier cosa que durante la audiencia Francisco dijese al Cardenal. El plan de traicionar a la Iglesia católica en China ha sido montado desde hace bastante tiempo, y la apostasía que “comienza en el vértice” no da indicio alguno de volverse atrás. Bien por el contrario, parece está corriendo hacia una resolución dramática de unas circunstancias que serán devastadoras tanto para la Iglesia como para el mundo. Tal sería el resultado final de despreciar la profecía de Fátima.




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