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Perspectivas Sobre Fátima
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Fátima Center no se callará, ni puede hacerlo

por Christopher A. Ferrara
el 22 de enero de 2018

Día tras día, esta columna y, en efecto, este apostolado, se ha dedicado a la tarea de denunciar y confrontar los errores contra la Fe que están proliferando en nuestro tiempo, sin duda como el Tercer Secreto de Fátima ha predicho que sucedería.

Para un católico a quien le importa su Fe, hay una sola respuesta a la acusación de “negativismo”. Es la misma respuesta que el Padre Gruner siempre ha dado a sus críticos, citando al Papa San Félix III: “Un error que no es resistido es aprobado; una verdad que no es defendida es suprimida”. (Cf. León XIII, Inimica Vis, citando Félix III).

Como el Profesor Roberto de Mattei ha observado, y con plena razón a este respecto: “La verdadera causa de la actual crisis en la Iglesia no es tanto la arrogancia de los que han perdido la fe, sino la debilidad de los que, preservándola, prefieren mantenerse en silencio y no defenderla públicamente. Este minimalismo constituye la enfermedad espiritual y moral contemporánea”.

El Profesor De Mattei señala además que está también el riesgo de un minimalismo que se limitaría a una defesa – ciertamente necesaria – de los preceptos negativos de la ley divina y natural, los “No harás”, que representan la “base” del deber del cristiano, la falta de una defensa, al mismo tiempo, de los preceptos morales positivos y la doctrina correlativa de la Iglesia, que representan el bien más elevado que estamos obligados a procurar, por amor a Dios y a Su verdad revelada.

“El precepto de corrección fraterna”, escribe, “se cuenta entre los preceptos morales positivos”. Dando un ejemplo frecuentemente citado por el Padre Gruner, el Profesor de Mattei nos recuerda que “quien ame verdaderamente a Dios seguirá el ejemplo de Eusebio, el laico que más tarde fue Obispo, y que, en 423, se opuso públicamente a Nestorio, que negaba la Maternidad divina”. Resumió también el buen consejo de un sacerdote italiano, el Padre Salvatore Priola, de “levántate y sal cuando oigas cosas contrarias a la fe” de modo a “manifestar nuestro amor maximalista a Dios y no poner la lámpara de nuestra fe bajo un celemín”.

Para citar directamente al mismo sacerdote (con palabras que podrían haber sido dichas por el Padre Gruner):

“Cuando oyereis un sacerdote decir cosas que son contrarias a la Fe católica, debéis tener la valentía de levantaros y decir al sacerdote, aún durante la Misa: ‘Esto no está permitido’! – Hasta si es un sacerdote quien lo dice, incluso si es un obispo quien lo dice, levantemos y digámosle: ‘Padre, Excelencia, esto no está permitido. Porque hay un Evangelio. Porque estamos todos bajo el Evangelio, del Papa hacia abajo. Estamos todos bajo el Evangelio’”.

Estamos todos bajo el Evangelio. Del Papa hacia abajo. Ni siquiera el Papa puede predicar un Evangelio que no sea lo que nos fue transmitido por Cristo y por los Apóstoles.

Por lo tanto, ni siquiera un Papa está exento de corrección fraternal de parte de sus súbditos, si tal prueba ser necesario. Citando a Santo Tomás: “Hay que tener en cuenta, no obstante, que en el caso de que amenazase un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos. Por eso San Pablo, siendo súbdito de San Pedro, le reprendió en público a causa del peligro inminente de escándalo en la fe…[es decir, el rechazo disimulado de comer con Gentiles, poniendo en peligro su fe al cuestionar la abrogación de la Ley antigua con el establecimiento por Cristo de la Ley nueva]”.

Si así no fuera, entonces nuestra fe no tendría un contenido inmutable y objetivo de ser defendida contra el error y el Papa sería precisamente la caricatura que los protestantes han representado: una especie de oráculo que podría alterar las doctrinas de la Fe o anunciar nuevas doctrinas a voluntad. Quedar en silencio ante lo que está sucediendo en este pontificado sería precisamente validar esa caricatura. Esto nosotros no lo haremos ni lo podemos hacer.




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