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Perspectivas Sobre Fátima
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El Vaticano desvaloriza la atribución
de un premio papal a un activista pro-aborto

Pero el premio se mantiene

por Christopher A. Ferrara
el 16 de enero de 2018

Como era de esperar, el Vaticano ha desvalorizado la atribución del título de “Dama de la Orden Pontificia de San Gregorio el Grande” a Lilianne Ploumen, una política holandesa que ganó notoriedad por su promoción internacional del aborto, incluso una recaudación de varias centenas de millones de dólares para “Ella decide”, la organización que ella ha fundado para ayudar a garantizar la disponibilidad del aborto a escala mundial, tras la restauración del Presidente Trump de la Política de la Ciudad de México prohibiendo la asignación de fondos federales al aborto en otros países.

Mientras Ploumen – como también era de esperar – ha pregonado el premio como una aprobación de su “trabajo”, el Vaticano, tal y como informa el Catholic Herald, anuncia ahora que “el premio era un asunto de rutina diplomática conectada a la visita de un jefe de Estado. Una portavoz ha dicho que el premio estaba ‘de acuerdo con la práctica diplomática de intercambiar honras entre delegaciones durante visitas oficiales de jefes de Estado o del Gobierno al Vaticano. Por tanto, no se trata de una aprobación de las opiniones políticas a favor del aborto o control de natalidad que la Sra. Ploumen promueve’”.

Al mismo tiempo, sin embargo, hasta el Cardenal Wim Eijk de Utrecht, el Obispo de mayor categoría de la ultra-liberal jerarquía holandesa, se ha apresurado a “distanciarse del premio, diciendo que él ‘no estaba involucrado’ en la decisión y que ‘no era conocedor del hecho de este premio papal que ha sido concedido a Ploumen’”.

El mismo premio, según se dice, ha sido concedido a todos los miembros de la delegación de la que Ploumen es miembro. Asumiendo, entonces, que el premio ha sido dado imprudentemente en un asunto de “rutina diplomática” a alguien que está promoviendo el asesinato en masa de niños inocentes en el seno materno, la solución para el escandalo mundial que ha seguido es simple: quitar el premio en el caso de Ploumen y pedirle que devuelva la medalla que le fue concedida, especialmente teniendo en cuenta sus comentarios publicitados que ella considera como una validación de su promoción de genocidio a través del aborto.

Pero eso es exactamente lo que no va a suceder. El premio se mantiene, y no habrá ninguna condenación de las malas obras de Ploumen, que el Vaticano ahora describe como que son simplemente sus “opiniones políticas a favor del aborto o control de natalidad”. ¿Opiniones políticas? ¡Por amor de Dios!

Es necesario decir, sin embargo, que muy antes de la llegada del Papa Francisco, el mismo premio ya tenía una historia de haber sido atribuido escandalosamente a promotores del mal radical. Como observa Life Site News, durante el pontificado de Juan Pablo II el premio fue dado a “Renate Brauner, entonces vicepresidenta de la Cámara de Viena…una sustentadora notoria del aborto en el momento de su premio” y, lo que es aún más atroz, a un tal Jimmy Savile, “acusado después de su muerte de haber violado o abusado sexualmente de unas 300 personas, incluso niños hasta de nueve años de edad…”

En el caso de Savile, “se presentó [u]na petición formal a la Iglesia católica en Inglaterra del 2012, para que el honor fuese revocado póstumamente”. ¿Y la reacción del Vaticano? El entonces portavoz papal Padre Federico Lombardi dijo – créanlo o no – que el honor no puede ser revocado porque no hay una “lista oficial de personas que han recibido honores papales en el pasado, [de modo que] no es posible quitar a nadie de una lista que no existe”.

Por lo tanto, según el Vaticano, ningún honor concedido puede ser quitado a no ser que haya una lista de personas a quienes el mismo honor haya sido concedido – como si la revocación de un honor se debe mantener si el nombre de la persona a quien fue atribuida no puede ser quitada de una lista de premiados.

Es ésta la sofistería que tantas veces caracteriza los pronunciamientos del Vaticano en la época posterior al Vaticano II. La única diferencia ahora es que la sofistería se extiende hasta a la tentativa de minar la propia ley moral a través de Amoris Laetitia. Y sofistería en materias de fe y de moral solo puede ser una señal del Adversario trabajando en el elemento humano de una Iglesia en crisis. La profecía del Tercer Secreto de Fátima continúa desplegándose ante nuestros ojos.




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