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Perspectivas Sobre Fátima
Perspectivas sobre Fátima

Cuando Papas chocan

por Christopher A. Ferrara
el 13 de abril de 2018

Un aspecto espantoso de la crisis eclesial que el Papa Francisco ha desencadenado con Amoris Laetitia (AL) es la oposición diametral de su programa a la doctrina del mismísimo Papa que él ha canonizado. No se ha visto jamás en la historia de la Iglesia un Papa contradiciendo descaradamente la doctrina de uno de sus propios antecesores en materia de fe y de moral.

AL anuncia la novedad total – y por eso, la falsedad total – de la enseñanza moral de que el Sexto Mandamiento representa un “ideal” que no se puede esperar que los divorciados y “re-casados” sigan en todos los casos. Citando el ya tristemente célebre párrafo 303:

“Pero la conciencia puede hacer más que reconocer que una situación dada no corresponde objetivamente a las exigencias generales del Evangelio. Puede también reconocer con sinceridad y honestidad lo que es por ahora la respuesta más generosa que puede ser dada a Dios, y acabar por ver con una cierta seguridad moral que es lo que Dios Mismo está pidiendo dentro de la complejidad concreta de los limites de cada uno, aunque no sea aún completamente el ideal objetivo. De todas formas, recordemos que este discernimiento es dinámico; debe permanecer siempre abierto a nuevas fases de crecimiento y a nuevas decisiones que pueden hacer que el ideal sea realizado más plenamente”.

 En defensa de su propia enseñanza en Familiaris consortio, sosteniendo la disciplina doble-milenaria de la Iglesia, enraizada en la ley divina, que prohíbe la Sagrada Comunión a los adúlteros públicos, Juan Pablo II enseñó precisamente lo contrario, en línea con todos sus antecesores:

“Sería un error muy grave concluir por eso que la norma enseñada por la Iglesia es en sí apenas un ‘ideal’ que debe ser adaptado, proporcionalmente, acomodado, se dice, a las ‘posibilidades concretas del hombre’: según un ‘equilibrar de varios bienes en cuestión’. ¿Pero cuáles son las ‘posibilidades concretas del hombre’”? ¿Y de qué hombre se está hablando? ¿Del hombre dominado por la concupiscencia o del hombre redimido por Cristo? Así, es lo que está implicado: la realidad del hombre redimido por Cristo. Cristo nos ha redimido: nos ha dado la posibilidad de realizar toda la verdad de nuestro ser; ha liberado nuestro libre arbitrio del dominio de la concupiscencia.

Además de eso, en Veritatis Splendor, Juan Pablo II rechazó precisamente la falsa súplica de AL a la conciencia y a una disyunción inexistente entre preceptos morales negativos sin excepción y su aplicación “pastoral”:

“Los preceptos negativos de la ley natural son universalmente válidos: obligan a todos y cada uno, siempre y en toda circunstancia. En efecto, se trata de prohibiciones que vedan una determinada acción semper et pro semper, sin excepciones, porque la elección de ese comportamiento en ningún caso es compatible con la bondad de la voluntad de la persona que actúa, con su vocación a la vida con Dios y a la comunión con el prójimo. Está prohibido a cada uno y siempre infringir preceptos que vinculan a todos y cueste lo que cueste…

“algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta. Ésta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo.

“De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el bien y el mal. Con esta base se pretende establecer la legitimidad de las llamadas soluciones ‘pastorales’ contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéuticacreativa’, según la cual la conciencia moral no estaría obligada en absoluto, en todos los casos, por un precepto negativo particular.

“Con estos planteamientos se pone en discusión la identidad misma de la conciencia moral ante la libertad del hombre y ante la ley de Dios…”

Los “normalistas”, con sus tentativas escabrosas de defender lo indefendible, ya no pueden esconder la verdad innegable sobre este pontificado: representa, por increíble que parezca, la tentativa de un Papa de derrumbar la doctrina infalible de la Iglesia sobre la ley moral. Los fieles deben no sólo rechazar esa tentativa sino también oponerse activamente a ella de cualquier forma que pudiesen según sus posiciones en la Iglesia. Debemos obedecer a Dios antes que al hombre, incluso cuando el hombre en cuestión esté sentado en la Silla de San Pedro. Porque el Papa no es más que un sirviente de la Verdad que nos liberta, y no es el Oráculo de Roma.




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